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Mascarada

por el 20 febrero 2007

en Relatos

Se adentraba cada vez más en aquella apoteosis de la carne a través de espesuras de calor, color y lingotazos de vodka. Bailaba, pero andaba. Andaba, pero no dejaba de bailar. Aprendí­a rápido el ritmo de la noche y el sudor comenzaba a dibujarse por lo más recóndito de la vieja camisa que habí­a recuperado aquella misma tarde de la cesta donde iban a morir los andrajos.

Apenas si habí­a iniciado su recorrido cuando se le cruzó la primera, el primer drag queen. Luego vendrí­an más, trece o catorce, tal vez quince. Al cabo de unas horas él mismo era drag queen encaramado a sus inmensas y llanas plataformas en forma de zapatilla. Todos parecí­an conocerlo, pero él no conocí­a a nadie. Supuso que algo tendrí­a que ver el hecho de no haberse maquillado lo suficiente, de no haberse maquillado nada.

La música era cada vez más intensa, o al menos eso le parecí­a. Todo él era música, en realidad. Bombo persistente en su pecho y melodí­a de Malibú, armoní­a de cuerpos entrelazados. Era baterí­a, no percusionista, sino instrumento todo él de madera y cuero curtido salvajemente aporreado.

Se dijo: “De mí­ emanan las emociones, porque soy emoción”. Y se quedó tan fresco. O casi.

El dí­a comenzaba a despuntar más allá de la avenida cuando dejó de sonreí­r estúpidamente a todo el que pasaba. El sol comenzó a dispersar nubes y mascaritas por tierra, mar y aire; y él mismo se sintió empujado contra la pared. No tení­a muy claro si orinaba o bebí­a, pero algo de lí­quido habí­a de por medio. Tiene que ser vodka, dedujo, porque la orina es cálida… y el vodka, a estas horas, también.

Le pareció prudente emprender la retirada cuando el aire comenzó a impregnarse de aroma a churros y aceite recalentado. Decisión que vio respaldada por un interminable bloque de anuncios.

Se sentó en el sofá y buscó el mando a distancia. Estaba harto ya de tanta tele. Pulsó sobre el ‘off’ y se tendió en la cama. Si tuviera fuerzas, convino, ahora mismo bajaba a la cafeterí­a de enfrente y me traí­a unos churritos. Pero para eso tendrí­a que bajar a la calle y romper un encierro voluntario que duraba ya más de siete meses. ¿Por qué no servirán churros por la tele?

{ 2 comentarios… léelos y añade el tuyo }

1 Gregorio Verdugo febrero 25, 2007 a las 12:22

O mejor aún, por qué no crearan una empresa de esas como telepizza, telechurros, que hagan entregas de curros calientes a domicilio.
Especialmente los domingos por las mañanas, sobre todo los resacosos, tendrí­an un éxito descomunal.
Un saludo,

2 Marí­a Luján febrero 26, 2007 a las 10:53

Porque si sirvieran churros por la televisión, las emociones olerí­an a aceite recalentado.

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