Lo cierto es que hice click.
Y el ratón se transformó en pantalla.
El teclado, en pendrive.
La cpu, en alfombrilla.
El monitor, en impresora.
Y yo, en webcam de mis propios pensamientos.
Lo cierto es que hice click.
Y el ratón se transformó en pantalla.
El teclado, en pendrive.
La cpu, en alfombrilla.
El monitor, en impresora.
Y yo, en webcam de mis propios pensamientos.
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